Tras la renuncia del PSOE, la PAH alertamos de la falta de compromiso explícito de Sumar con la suspensión de desahucios tras la caída de la moratoria y reclama que el derecho a la vivienda vuelva al centro del debate político
En medio del ruido parlamentario, de las negociaciones cruzadas y de los intentos por reconstruir mayorías en torno a la prórroga de los contratos de alquiler, hay un silencio que pesa cada vez más, incómodo y peligroso, el de los desahucios.
Tras la renuncia explícita del PSOE, desde la PAH queremos señalarlo con claridad: nos preocupa profundamente el silencio de Sumar ante la desaparición de la protección frente a los desahucios tras la caída de la moratoria. Porque no estamos ante un matiz técnico ni ante una cuestión secundaria, estamos ante la diferencia entre conservar un hogar o perderlo, entre tener un proyecto de vida o el abandono total y la desesperación, entre formar parte de la sociedad o la negación de convivencia democrática para miles de personas.
En los últimos días hemos escuchado a Sumar insistir en la necesidad de recuperar la prórroga de los alquileres, explorar acuerdos, ampliar consensos, incluso incorporar incentivos fiscales para atraer apoyos parlamentarios. Pero no hemos escuchado absolutamente nada sobre la recuperación de la moratoria de desahucios, un tema eliminado absolutamente de la agenda política despues de que Junts, PP, Vox y PNV, se cargaran la medida para seguir protegiendo a los especuladores como ellos mismos, a costa de dejar a la gente en la calle y sin respuesta alguna. Porque mientras se negocia sobre contratos que vencen en 2026 o 2027, hay familias siendo desahuciadas hoy, ayer y mañana. Mientras se ahabla de futuros acuerdos, hay puertas que se cierran todos los días gracia a una realidad que avanza en los juzgados.
La prórroga de alquileres, que seguiremos defendiendo, puede aliviar situaciones concretas, pero no protege a quienes se les ha hegado una y mil veces la renovación del contrato, a quienes ya no pueden pagar, a quienes han quedado fuera del sistema, a quienes encadenan precariedad tras precariedad. Sin medidas que frenen los desahucios, cualquier política de vivienda nace incompleta.
Por eso nos preocupa que el debate político se esté desplazando hacia el terreno de los equilibrios parlamentarios y las concesiones, incluyendo beneficios para propietarios, mientras se diluye la urgencia de garantizar el derecho a la vivienda de quienes están en mayor riesgo. No basta con no “tirar la toalla, por que mientras unos usan este término como titular, miles son »tiradas» a la calle sin que el mercado «libre» ni las administraciones le ofrezcan alternativa digna, al sinhogarismo por que la protección frente a los desahucios no es una prioridad.
Desde la PAH se lo decimos sin rodeos al gobierno, a PSOE y a Sumar: no puede haber política de vivienda que merezca ese nombre si no pone en el centro el freno inmediato a los desahucios, por ello exigimos:
- La recuperación urgente de la suspensión de desahucios para hogares vulnerables.
- La garantía efectiva de alternativa habitacional antes de cualquier desalojo, adoptando todas las medidas necesarias: desde la obligación de alquiler social a los grandes tenedores hasta el deber de realojo a las Administraciones, a través de la expropiación de vivienda vacías, la cesión de uso, rehabilitación, acuerdo con Sareb, reservas de un % en adjudicación de vivienda, utilización de alojamientos turísticos ilegales….
- Un compromiso político claro y explícito que sitúe disponer de un hogar y no ser expulsado del mismo como línea roja en cualquier negociación, mínima garantía del cumplimiento constitucional y tratados internacionales.
- acabar con el acoso inmobiliario ilegalizando a las empresas de desokupación.
Porque el derecho a la vivienda no puede depender de intereses políticos, ni pactos electoralistas, en breve se harán públicas las decenas de movilizaciones que se están organizando por todo el país para dejar claro que vivir no nos puede costar la vida. Si realmente esta debe acabar siendo la legislatura de la vivienda, todavía le queda mucho por hacer y dudamos de la valentía suficiente para ello.
Detrás de cada desahucio no hay cifras, hay vidas suspendidas. Familias que viven en una incertidumbre permanente, sin poder proyectar un futuro, sin saber si podrán seguir en su casa el mes siguiente, si sus hijas e hijos tendrán que cambiar de escuela o si perderán de golpe su red de apoyo. Es una angustia cotidiana que desgasta, que rompe vínculos, que paraliza cualquier intento de construir un proyecto de vida digno. Y, sin embargo, este sufrimiento profundo se está viviendo en silencio, invisibilizado, fuera del foco político y mediático, como si no urgiera, como si no importara. Pero importa y mucho, como para silenciarlo eliminándolo de la agenda política.